En Nicaragua siempre será: ¡19 de Julio!. Así rezaba una consigna en la década de los ’80 –durante el primer mandato de Daniel Ortega-, en clara alusión al 19 de julio de 1979, fecha en que el pueblo, unido al entonces movimiento clandestino (hoy Partido Político) FSLN triunfó sobre una de las dictaduras más sangrientas en la historia de América Latina.
Me imagino que la idea era decir que Nicaragua siempre sería libre, que nunca más volveríamos a ser sometidos por un dictador o en su defecto por una estirpe. Pero bueno, no escribo para dilucidar la consigna en sí, sino lo que significa para mí.
Para esta fecha, durante 28 años consecutivos he visto en los medios de comunicación, imágenes, reportajes, videos, y todo cuanto es posible tanto sobre el período de la guerra de insurrección como sobre el triunfo de la Revolución. Y siempre se me enchina la piel como si fuera la primera vez.
E igualmente, cada año, en esta época veo, escucho, canto, lloro, río, creo, siento. Por todo lo que sucedió, por todo lo que no fue. Porque aún vivimos las secuelas. Por los recuerdos, por la nostalgia…
Y es que realmente, siempre será 19. Porque cada familia nicaragüense sufrió en carne propia lo que nadie debería sufrir: el horror de la guerra, la pérdida, el sufrimiento, la muerte, la mutilación, el espanto, el hambre, la separación. Y más, mucho más.
Por eso digo que siempre será 19, porque son vivencias que no se pueden olvidar.
sábado, 19 de julio de 2008
viernes, 18 de julio de 2008
Consejos de vida
Mi buen amigo Manu me envió al msn una lista titulada 'Consejos de vida'. Comparto algunos con ustedes:
» Observa el amanecer por lo menos una vez al año.
» Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
» Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
» No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
» Haz lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
» Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
» Nunca confundas riqueza con éxito.
» No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.
» No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
» Escucha el doble de lo que hablas (por eso la Naturaleza nos dio dos oídos y una sola boca).
» Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
» Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
» Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.
» Observa el amanecer por lo menos una vez al año.
» Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
» Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
» No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
» Haz lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
» Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.
» Nunca confundas riqueza con éxito.
» No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.
» No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
» Escucha el doble de lo que hablas (por eso la Naturaleza nos dio dos oídos y una sola boca).
» Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
» Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
» Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.
miércoles, 16 de julio de 2008
Qué sacrificio...

“Nitos (en realidad siempre me dice mi nombre de pila en diminutivo, en este caso tendría que poner Nititos pero esa palabra es tan cacofónica que no me atreví) te tengo una mala noticia”. Sus labios terminaron la frase, casi susurrando en mi oído mientras nos abrazábamos: “me voy del país”.
Pero lo que más me impactó no fueron las palabras, sino la profunda tristeza que reflejó su mirada. Y es que ella y yo, somos más que amigas de infancia, somos hermanas. Bueno, hermanas de corazón pues, que al final a veces resultan más unidas que las de sangre.
Precisamente ese profundo cariño que nos une es lo que permitió siempre que habláramos sin tapujos. Recuerdo perfectamente aquella noche en que, como siempre, aprovechábamos el sueño de nuestros retoños para chatear y ‘ponernos al día’ sobre el acontecer en nuestras vidas.
“Ay Nitos, vos sos idealista. Ese tipo de amor no existe”, espetó. Pum el corazón me dio un vuelco. Y, obligada a ir de frente con la verdad (que para eso son las amigas, ¿no?) le pregunté, “¿es que no sos feliz en tu matrimonio?”.
Resulta que, consciente de la enorme diferencia cultural entre ella y su marido (el cual proviene de más allá de los siete mares, tipo Simbad), asumió que su rol de madre estaba por encima de cualquier otra cosa. Y que, si para mantener un hogar ‘unido’ para sus hijas debía irse al quinto infierno, lo haría gustosa.
Es ahí donde hice un alto mental. ¿Hasta dónde debo asumir el rol de madre sacrificada? Si bien es cierto que los matrimonios perfectos no existen (obvio, porque nadie es perfecto, pues), me queda la duda de ¿hasta dónde debe llegar el límite de aguantar?
Dice doña Olga, la madre de amiga, que ‘por los hijos’ una debe ‘soportar’. Casi me da un soponcio cuando la escuché. Porque, aunque creo que nadie en su sano juicio se casa pensando en el divorcio, también creo que tomar la decisión si el caso lo amerita es lo más sano.
No pienso (¡por favor, señores!) que una madre ‘abnegada’ y completamente infeliz pueda ayudar a sus hijos e hijas a crecer con salud emocional. Me niego a aceptar a aniquilarme a mí misma, con el son de que es lo mejor para los niños. ¡¡Hueso!! Ese cuento no me lo trago. Ni lo acepto.
Al menos yo prefiero que mis hijos me vean separada de su padre pero en buenos términos, sonriente, enfrentando el día a día con optimismo. Así, que, (nunca me imaginé que un día diría esto, pero…): ¡¡viva mi divorcio, jodido!! He dicho.
domingo, 13 de julio de 2008
Poema
martes, 1 de julio de 2008
En Paz
En algún lugar leí que cuando una persona sale a caminar por la noche, los ángeles susurran en sus oídos. Y debe ser cierto. Lo digo porque ayer, venía hacia mi casa empujando el coche de mi pequeñín, cuando de pronto me vi envuelta en una vorágine de ideas que, como por arte de magia, me dejó pensamientos claros y profundos.
Eran las 10 p.m. Me sentía cansada física y emocionalmente, hambrienta, sedienta, preocupada. Recién finalizaba una mini –pero que sentí eteeeeeeeeerna--jornada de cuatro horas en la pequeña sala de observación de un centro de salud cercano. Llegué ahí porque mi hijo de 22 meses tenía vómito y fiebre. Y es que por estos lados anda un virus, pero ésa es historia aparte.
Pues, ahí venía yo, caminando hacia mi casa en esas calles desoladas, donde no se veía ni un gato callejero. Pensando, pensando… dándole vueltas a la situación, a mi vida, a mis tristezas y alegrías…
De pronto llegó la inspiración: soy una mujer afortunada. Dicen que más vale tarde que nunca, pues es cierto. Pese a que tuve que enfrentar un divorcio para ello, logré darme cuenta de que soy más valiente de lo que yo misma creía, que ‘más vale maña que fuerza’, que la vida es una sola y debo disfrutar sus colores, formas y olores. En fin, ¡que estoy viva!
Y que las situaciones que otrora me resquebrajaban, dejando ligeras marcas en mi alma, hoy las recibo como grandes experiencias que acumulo en mi mochila de la vida. Por esto, por lo otro, por aquello, hago mío el poema de Amado Nervo, En Paz, que a continuación les dejo:
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Eran las 10 p.m. Me sentía cansada física y emocionalmente, hambrienta, sedienta, preocupada. Recién finalizaba una mini –pero que sentí eteeeeeeeeerna--jornada de cuatro horas en la pequeña sala de observación de un centro de salud cercano. Llegué ahí porque mi hijo de 22 meses tenía vómito y fiebre. Y es que por estos lados anda un virus, pero ésa es historia aparte.
Pues, ahí venía yo, caminando hacia mi casa en esas calles desoladas, donde no se veía ni un gato callejero. Pensando, pensando… dándole vueltas a la situación, a mi vida, a mis tristezas y alegrías…
De pronto llegó la inspiración: soy una mujer afortunada. Dicen que más vale tarde que nunca, pues es cierto. Pese a que tuve que enfrentar un divorcio para ello, logré darme cuenta de que soy más valiente de lo que yo misma creía, que ‘más vale maña que fuerza’, que la vida es una sola y debo disfrutar sus colores, formas y olores. En fin, ¡que estoy viva!
Y que las situaciones que otrora me resquebrajaban, dejando ligeras marcas en mi alma, hoy las recibo como grandes experiencias que acumulo en mi mochila de la vida. Por esto, por lo otro, por aquello, hago mío el poema de Amado Nervo, En Paz, que a continuación les dejo:
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
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Datos personales
- La Nitos
- Managua, Nicaragua
- Como todos en este mundo, tengo virtudes y defectos. Pero creo que lo más importante para mí, es saber ser amiga, de las que se quitan la camisa para dársela al que la necesita. Fiel a más no poder, sincera, y muy reservada. Amo la buena ortografía y me cuido de tenerla; periodista de profesión y de corazón, madre por decisión. Pero, ¿quién mejor que mis amigos para describirme? Así que esa tarea se la dejo a ellos.
