lunes, 20 de abril de 2009

Diez perlas y una más


Comparto diez frases que me llaman la atención. Algunas me hicieron reflexionar, otras me sacaron una sonrisa...

Diez perlas

1. "En el mundo hay dos clases de mujeres: las que dejan a un hombre sin fuerzas y las que se las devuelven". Rudyard Kipling, escritor y poeta británico

2. "Mis conocidos son muchos, mis amigos pocos. Los que realmente me conocen menos aun". Truman Capote, periodista y escritor estadounidense

3. "Cuanto más listo es un hombre, tanto menos sospecha que lo van a cazar en los detalles insignificantes. Al hombre muy astuto hay que cogerlo en la trampa precisamente de las cosas más simples". Fiódor Dostoyevski, novelista ruso

4. "He aquí el momento dramático del destino, cuando resuenan en la escalera unos pasos que van a entrar en nuestra vida, e ignoramos si ha de ser para bien o para mal nuestro". Arthur Conan Doyle, escritor británico

5. "La indiferencia da a luz la fortaleza del alma; el desamparo aumenta la dignidad; la desgracia es la mejor leche para la generosidad". Victor Hugo, escritor francés

6. "Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas". Pablo Neruda, poeta chileno

7. "La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos". Henry Van Dyke, escritor estadounidense

8. "Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal". Madre Teresa de Calcuta, religiosa hindú

9. "Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello".
Henry F. Amiel, escritor suizo

10. "No olvides nunca que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos". O. K. Bernhardt, escritor alemán

Y una más

11. "Los cheques de tus insultos no tienen fondos en el banco de mi ánimo". Manolito, personaje de Quino

viernes, 17 de abril de 2009

Si un pajarillo...



Siendo casi una niña, leí este poema en el libro escrito por Aturo Cuyas, "Hace falta un muchacho". Desde entonces me acompaña, aunque no estoy segura de si es de autor desconocido... (al menos yo no sé quién lo escribió).

Si un pajarillo caído,
con amor puse en su nido;
si un acto o palabra mía
llevó a un triste la alegría;
si una lágrima he enjugado;
si una pena he consolado
si al pobre que auxillio implora
tendí alguna vez la mano;
si al morir, alguien me llora,
¡yo no habré vivido en vano!

domingo, 12 de abril de 2009

Encuentro cercano...


Me encanta el mar. Creo que es una de las cosas que más disfruto en la vida… cada amanecer y cada anochecer es un espectáculo que no tiene precio. El cielo nos va presentando una gama de colores en diversas tonalidades que parecen danzar al ritmo de las olas, apacibles a veces, otras no tanto. Y el sol mostrando sus mejores galas, rojas o anaranjadas, no se queda atrás.
Podría pasar horas sentada en la orilla. Quedarme ahí -mientras las olas me coquetean en ese vaivén, sin decidirse a rozar mi piel- simplemente contemplando la inmensidad, sintiendo mi conexión con la naturaleza, palpando la finísima arena, recibiendo la brisa marina en mi rostro mientras mi cabello vuela libremente según lo lleva el viento. La sensación de los rayos solares, que inician como una suave caricia hasta convertirse en un fuerte abrazo que casi te ahoga, cuando ya calienta demasiado en este mi país de clima tropical.
No puedo dejar de pensar en lo pequeño que somos. Cada ser humano, en medio de la grandeza que significa su creación perfecta (¿o me van a decir que nuestro cuerpo no es una máquina con un engranaje maravilloso?), es tan ínfimo a la vez… que simplemente me maravilla.
Pero eso no es todo. Sería injusta si no menciono las formas. Las conchitas, los caracolitos, las rocas… las olas mismas, que al reventar se convierten en una masa de agua espumosa. Las aves mañaneras que bajan a buscar alimento y, si tengo suerte –como en este momento-, algún barco pesquero que al lanzar sus redes rompe la línea que se forma en el horizonte.
Apenas amanece y no dejo de pensar en el encuentro que sostendré dentro de un momento, con los pescadores recién llegados a la playa cargados de productos marinos. Siempre que tengo esta experiencia los observo, tan diestros guardando sus redes, descargando las langostas, anguilas, pargos y corvinas. Hombres enjutos, renegridos por el sol, que supongo le 'sacan el jugo' a esta temporada, vendiendo el fruto de su trabajo a un mejor precio.
Pero mientras llego a mi cita, aprovecho los minutos que me quedan desde la posición privilegiada que poseo en este momento, en el balcón de un hotelito de playa en el balneario llamado Casares, en la costa del Pacífico donde vine a refugiarme para escribir estas letras luego de una caminata por la arena. Experiencia, para mí tan impactante, que cada vez que la vivo me siento como si acabo de experimentar un encuentro cercano del tercer tipo…

lunes, 6 de abril de 2009

Onomatopeya angustiosa



Luego de varios días fuera de mi centro de labores debido a motivos de salud, hoy me reintegré. Agradable sorpresa recibí al ver desfilar uno a uno, un grupo de aspirantes que llegaron para ser entrevistados. Tenemos una plaza disponible.
Por sus gestos, al salir de la oficina del jefe, más o menos podía deducir cómo le fue en la entrevista. Y de pronto reviví los momentos en que, sentada junto a mi otrora esposo e hijo, igualmente ispeccionaba a hurtadillas los rostros de quienes se alejaban de la ventanilla del Cónsul, dentro de la Embajada de Gringolandia.
A decir verdad nunca acaricié la idea de ir a pedir la famosa visa. Mi respuesta siempre fue la misma "¿yo? no mamita (o papito, según el caso), como no sé si me la van a dar, prefiero no gastar mi dinero". Y es que claro, tenés que pagar por el solo derecho de ir a sentarte ahí... a esperar el sí... o el no.
Pero mi respuesta dio un giro cuando mi hijo me dijo que como regalo de cumpleaños deseaba ir a Disney World. Así que ahí estábamos, en busca de tres visas para cumplir el sueño de un niño.
A medida que pasaba el tiempo, el clic-clic del sello de visa denegada se hacía más audible. Y constante. No acostumbrada a mentirle a mi hijo, me tocó explicarle eso cuando me preguntó qué significaba aquel singular sonido y el niño entró en pánico. "Mama, se la están negando a todo el mundo", me dijo, mientras limpiaba el sudor de sus manitos en el pantalón.
Su padre y yo cruzamos miradas. Al unísono comenzamos a darle palabras de aliento -siempre con el clic-clic incesante como música de fondo-, hasta que finalmente le dije que efectivamente, esos señores rubios y ojos azules que estaban tras las ventanillas, tenían tooooda la potestad del mundo para darnos o no, permiso de viajar a Estados Unidos. Pero que no se preocupara. Si no lo lográbamos, podríamos viajar... quizá al Canal de Panamá o algún otro destino cercano que él escogiera.
El clic-clic se hizo parte del ambiente. Y muy de vez en cuando veíamos desfilar a alguna persona con una sonrisa de oreja a oreja. Mi ex y yo nos volvíamos a ver y con una risita de complicidad decíamos a la vez: "¡Se la dieron!"
Hasta que llegó nuestro turno. El alma del niño no cabía dentro de su cuerpo. Tanta era su excitación, así que estuvo atento a la corta entrevista que sostuvimos con el Cónsul. Al finalizar, tomamos la mano de nuestro pequeño, dejando el angustioso clic-clic atrás...

viernes, 3 de abril de 2009

¿Vale la pena?


Soy una persona con muchas fobias. He aprendido a enfrentar algunas, pero debo reconocer que estoy en el proceso. Es decir, aún no es tiempo para declarar mi mente, zona libre de semejantes horrores.
Así las cosas, de pronto no me resulta inconcebible la idea de que hoy –cuando ya pasaron 1 año, 6 meses y 26 días de que un bus embistiera el carro en que yo viajaba con dos hermanos y un hijo- continúe sudando helado cada vez que el vehículo en que voy se encuentra con una de esas moles de metal donde un desalmado transporta a sus pasajeros. (Ojo mijo, esto no es para vos jeje).
Lo curioso es la forma en que uno concatena ideas, ¿verdad? Meditar sobre mi accidente me llevó a concluir que perdí la confianza. No me siento segura en las calles… Ah sí, falta de confianza… y ahí el pensamiento me hizo clic con otras cosas. ¿Qué pasa cuando perdés la confianza en alguien?
Yo siempre digo que me esfuerzo por ser tolerante. Pero una de las cosas que mi ser rechaza por cada poro es la mentira. Primero porque es lo que aprendí: crecí en un hogar donde había cero grado de tolerancia para los mentirosos (y Dios guardara a quien osara serlo). Segundo porque la experiencia me ha enseñado que la gente mentirosa no es de fiar. Tercero, pero no menos importante, porque siento que quien me miente me ve cara de tonta… y eso sí que no.
Así que, ¿qué hacer cuando descubrís que alguien te mintió? Para mí surge el conflicto entre dos principios: el de cero tolerancia a la mentira y el de brindar segundas oportunidades. Porque de pronto me digo, bueno, soy un ser imperfecto y constantemente la vida y las personas me brindan segundos chances… pero, ¿y si me vuelve a mentir? Y eso de vivir en zozobra, como que no es lo mío.
Y les voy a contar. Versión corta: hace muchos años alguien me mintió fuerte, feo, pesado, doloroso. Una mentira sostenida durante mucho tiempo. Pegada con saliva de lora, o sea, en cualquier momento se caía… hasta que lo hizo. Me resentí, lloré, pregunté los porqués (a sabiendas de que me serían inconcebibles), caí, me levanté, perdoné y sentencié: pasemos la página, pero si algún día me asoma la idea de que me volviste a mentir, ‘te llamabas’. O sea, fuiste. Out.
¿Y qué creen que sucedió? “Gallina que come huevo, ni que le quemen el pico”, me dijo mi hermana. Y así fue. Entonces terminé preguntándome, ¿valió la pena? Es la fecha, y no lo sé.

Datos personales

Mi foto
Managua, Nicaragua
Como todos en este mundo, tengo virtudes y defectos. Pero creo que lo más importante para mí, es saber ser amiga, de las que se quitan la camisa para dársela al que la necesita. Fiel a más no poder, sincera, y muy reservada. Amo la buena ortografía y me cuido de tenerla; periodista de profesión y de corazón, madre por decisión. Pero, ¿quién mejor que mis amigos para describirme? Así que esa tarea se la dejo a ellos.