Alcé la vista. Quise contemplar las estrellas y mis ojos se toparon con ese árbol que, altivo, asoma sobre el muro para ofrecer al brillante cielo las flores amarillas de su copa, como un hermoso bouquet.
Quedé inmóvil. Observé el infinito. Sentí las caricias del viento rodeando mi cuerpo y el ligero frío que invadió mi ser. -¡Cómo pasa el tiempo! - me dije. Y no supe si sonreír o derramar la tristeza que me agobia.
Nos conocimos una noche de febrero -estrellada como ésta, quizá-, hace tantos años ya. A partir de entonces, me entregaste ese amor que sentías tan a tu manera y que no siempre comprendía, pero que comencé a asimiliar un tiempo antes de tu partida, aquella noche de marzo. (Nos conocimos un 21 de febrero, nos despedimos un 21 de marzo).
Recuerdo tus ojos tristes de mirada fija. Tu respiración cada vez más agitada que aceleraban mis sollozos. Te lloré y quizá tu corazón alguna derramó mientras guardabas silencio.
Han pasado 5 años desde entonces y, ¡cuánto te extraño cada día, madre!
lunes, 19 de marzo de 2012
sábado, 17 de marzo de 2012
En silencio...
Una maraña de ideas -¡todo tipo de ideas!- azota mi mente. ¿Qué debo pensar? ¿Qué debo sentir? ¿Qué debo decir?.
Decidí callar ante la ausencia de tus palabras. Y las dudas -benditas dudas... siempre presentes- se cuelan por los poros, se deslizan lentamente bajo mi piel y se aferran a mi carne. Se incrustan. Se las ingenian para mezclarse con mis células y formar parte de mi ser. O sea, ya no se irán...
Palabras a medias. Puntos suspensivos. Signos de interrogación flotando por todos lados. Tragarme una a una todas las interrogantes (siempre fieles compañeras), no me deja respirar. Pero decidiste enmudecer una vez más y lo debo respetar, aun cuando creo que había mucho por hablar.
¿Prudencia, discreción, reserva, desconfianza? Quizá un poco de todo, quizá un poco de nada. Lo cierto es que aquí estoy, tratando de ordenar pensamientos. Repasando letra por letra, espacio por espacio, acción por acción, omisión por omisión... las tuyas y las mías. Y llego a la triste conclusión de que tus deducciones y las mías sólo son eso: interpretaciones personales que podrían estar totalmente erradas (o muy llenas de verdad, pero nunca lo sabremos), y que nos sirvieron de pauta para tomar decisiones y seguir un camino.
Me niego a aceptar las palabras del Gato de Cheshire (Alicia en el país de las Maravillas): "No importa qué camino sigas, siempre que llegue a alguna parte". Me niego... porque a Alicia le daba igual hacia dónde conducían las sendas, a mí no.
Por eso, sigo con mis interpretaciones, no tengo otra opción. Pero sigo en espera del momento preciso para -quizá algún día- obtener respuestas. Mientras tanto, sigo con la inquietud, meditando... que no sé cuál fue peor, si tu silencio o el mío.
Decidí callar ante la ausencia de tus palabras. Y las dudas -benditas dudas... siempre presentes- se cuelan por los poros, se deslizan lentamente bajo mi piel y se aferran a mi carne. Se incrustan. Se las ingenian para mezclarse con mis células y formar parte de mi ser. O sea, ya no se irán...
Palabras a medias. Puntos suspensivos. Signos de interrogación flotando por todos lados. Tragarme una a una todas las interrogantes (siempre fieles compañeras), no me deja respirar. Pero decidiste enmudecer una vez más y lo debo respetar, aun cuando creo que había mucho por hablar.
¿Prudencia, discreción, reserva, desconfianza? Quizá un poco de todo, quizá un poco de nada. Lo cierto es que aquí estoy, tratando de ordenar pensamientos. Repasando letra por letra, espacio por espacio, acción por acción, omisión por omisión... las tuyas y las mías. Y llego a la triste conclusión de que tus deducciones y las mías sólo son eso: interpretaciones personales que podrían estar totalmente erradas (o muy llenas de verdad, pero nunca lo sabremos), y que nos sirvieron de pauta para tomar decisiones y seguir un camino.
Me niego a aceptar las palabras del Gato de Cheshire (Alicia en el país de las Maravillas): "No importa qué camino sigas, siempre que llegue a alguna parte". Me niego... porque a Alicia le daba igual hacia dónde conducían las sendas, a mí no.
Por eso, sigo con mis interpretaciones, no tengo otra opción. Pero sigo en espera del momento preciso para -quizá algún día- obtener respuestas. Mientras tanto, sigo con la inquietud, meditando... que no sé cuál fue peor, si tu silencio o el mío.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Datos personales
- La Nitos
- Managua, Nicaragua
- Como todos en este mundo, tengo virtudes y defectos. Pero creo que lo más importante para mí, es saber ser amiga, de las que se quitan la camisa para dársela al que la necesita. Fiel a más no poder, sincera, y muy reservada. Amo la buena ortografía y me cuido de tenerla; periodista de profesión y de corazón, madre por decisión. Pero, ¿quién mejor que mis amigos para describirme? Así que esa tarea se la dejo a ellos.

