martes, 4 de noviembre de 2008

Con mini, ¿yo?


La sensación era extraña. Tímida y pudorosa, nunca había hecho lo que –si no todas, la mayoría- mis compañeras universitarias miraban como lo más normal del mundo. Así que ese día me armé de valor, la saqué del rincón donde estaba más que guardada, escondida. Respiré profundo y la usé.

Me sentía casi desnuda. Me parecía que de alguna manera, el viento se las ingeniaba para pasar sólo por entre mis piernas. Y que todos los ojos, de varones y mujeres, niños y adultos se posaban sobre mis muslos descubiertos. Eso es lo que me parecía, claro, porque que la pura verdad es que yo sólo era una joven más vistiendo minifalda.

Era de tela gruesa –como la de los blue jeans-, color crema claro, con costuras superpuestas cosidas en un tono ligeramente más oscuro. Podría decirse que no era ‘nada del otro mundo’ y la única diferencia con el resto de faldas que había usado hasta ese día, es que ésta llegaba a la mitad de mis muslos.

Sinceramente todavía no comprendo qué demoníaco poder de convencimiento ejerció la Xiomara en mí, el asunto es que su mandato, sencillo y directo, me caló. “Medítela”, me dijo.

“¡Iiiiihhh!”. Dejó escapar ese sonido característico que los nicaragüenses emitimos cuando estamos sorprendidos. “Ya quisiera yo tener piernas gruesas…. Y esas pantorrillas…¡Comprátela hombre!”.

Y ahí estaba yo en la caja, entregando mi dinero a cambio de una minifalda que estaba segura nunca me pondría. Así que, una vez más la Xiomara hizo su labor. Cada mañana, al encontrarnos en el salón de clases me saludaba con un “Ideay, yo pensé que hoy te la ibas a poner”.

Debo confesar que con el paso del tiempo me acostumbré a usarla. Peor aún, comencé a degustar las mieles del poder que ejerce una minifalda y, consciente del efecto que surtía, la vestía de manera estratégica (como por ejemplo cuando quería pedirle algo a mi novio).

Y aunque aprendí a montar la moto de GU (mi mama casi muere de infarto cuando me vio), a subir las gradas del autobús con cierto arte para no mostrar todo al que venía atrás, y otras mañas que se requieren para vivir con la conciencia tranquila cuando toda una vida usaste faldas ligraramente arriba del ojo del pie, la verdad es que no compré otras faldas tan cortas.

Supongo que pudo más lo tradicional de mi formación. Pero eso sí, al menos desapareció esa sensación de que el viento se me paseaba por todos lados.

*Nota: Foto de H. Cartier-Bresson

1 comentario:

  1. con mini no? mm... pues no se ah!! ver para creer primero!! supongo por lo que lei te debe de quedar re lindo y super hot!!! un beoste chabeliux!!!

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Como todos en este mundo, tengo virtudes y defectos. Pero creo que lo más importante para mí, es saber ser amiga, de las que se quitan la camisa para dársela al que la necesita. Fiel a más no poder, sincera, y muy reservada. Amo la buena ortografía y me cuido de tenerla; periodista de profesión y de corazón, madre por decisión. Pero, ¿quién mejor que mis amigos para describirme? Así que esa tarea se la dejo a ellos.