domingo, 23 de noviembre de 2008

Rica bendición


Nunca antes, una bendición me había erizado la piel. Al menos, no en ese entonces. Ahora que lo pienso, lo más probable es que me impacté tanto debido a la sencillez y espontaneidad con que las palabras salieron de la boca de aquella dulce anciana.

Era una mañana cualquiera. Llegué a la parada de buses donde abordaría el de la ruta 119, la cual me dejaba justo frente al portón de la Universidad Centroamericana donde cursaba yo mi carrera de Periodismo.

El frescor de las 6:20 am e irrepetible en cualquier otra hora del día en un país como éste (donde tenemos clima tropical) me llenaba de energía y entusiasmo. Así que, cuando la anciana se me acercó, no pude menos que sonreírle y desearle un buen día.

“Mamita, qué ruta me lleva a…”. La señora no tuvo necesidad de contarme con exactitud su destino, pues ya me había enterado yo que andaba extraviada. Resulta que para ir donde ella necesitaba, debía abordar un bus que pasaba a un kilómetro de donde nos encontrábamos en ese momento.

Justo terminé de explicarle su situación, la ruta que debía seguir y los buses que tenía que abordar, cuando divisé la 119. “Venga”, le dije, “yo le digo cuándo tiene que bajarse”.

Tímidamente abrió sus arrugados y apretujados dedos, dando lugar a mis ojos para posarse sobre una sola moneda. Poseía sólo un córdoba (el equivalente actual a cinco centavos de dólar) y como debía trasbordar, necesitaba dos. Casi de manera automática metí la mano a la bolsa de mi pantalón y con la mejor de mis sonrisas puse otro 'peso' en su mano.

La anciana levantó lentamente esa mirada que sólo las almas puras pueden ofrecer. Y pronunció las palabras no sólo más significativas de mi jornada, sino las que aún retumban en mi mente con la fuerza del primer momento: “Dios te bendiga”. Y así ha sido señora. Téngalo por seguro: así ha sido.

2 comentarios:

  1. ¡Vaya! Este relato despertó bellos recuerdos.

    En ocasiones he presenciado cómo unos cuantos pesos (mexicanos) tienen un efecto incalculable tanto en vidas ajenas como en la mía. Tu post tocó esa huella que ha quedado en mí.

    Como siempre, excelente narrativa (sin adular), nuera =)

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  2. Tal como he aprendido a conocerte, sé que no sos capaz de adular. Por eso te agradezco doblemente el comentario.

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Como todos en este mundo, tengo virtudes y defectos. Pero creo que lo más importante para mí, es saber ser amiga, de las que se quitan la camisa para dársela al que la necesita. Fiel a más no poder, sincera, y muy reservada. Amo la buena ortografía y me cuido de tenerla; periodista de profesión y de corazón, madre por decisión. Pero, ¿quién mejor que mis amigos para describirme? Así que esa tarea se la dejo a ellos.