
Me como las uñas, muero de ansiedad. Porque enfrento una situación nueva, porque todo me es desconocido, porque los sentimientos brotan por los poros y los pensamientos se agolpan.
Pero, ¿quién no ha pasado por esto al menos una vez en su vida? No saber qué hacer... no por el hecho de desconocer el paso a seguir, sino porque se es 'primerizo' en el intento. Y aquí estoy, pasada la medianoche, escribiendo estas líneas. Pensando. Sintiendo. Deseando que el momento no llegue pero a la vez que todo pase rápidamente.
Debo reconocerlo: mi muro de Berlín, el que me llevó tantos años 'construir' está cayendo. Lo peor de todo: ni siquiera puedo culparte, porque somos responsables de nuestros actos, así que debemos asumir las consecuencias. Y es bueno que caiga, aunque me sienta desnuda, al aire libre, desprotegida.
La incertidumbre me acribilla, no sé cómo mover las fichas, cómo saltar el cuadro, cómo ganar la partida. Aún así, prosigo, porque...
El juego no termina, hasta que se termina.

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