
Me ofreciste disculpas y no sé el porqué. Quizá porque en medio de tu dolor lograste dimensionar el impacto que me causó la noticia que me diste. Pasé la noche en vela sin saber qué hacer, imaginando mil y una historias tejidas con hilos de fantasía teñidos con colores de impaciencia y horror.
Quise volverme palomita mensajera para zurcar los cielos en busca de noticias. Tu promesa de llamarme para mantenerme al tanto no me sustenta. Medito. Es lejos. Esa pequeña avecilla no podría llegar a un sitio tan lejano. Deseo entonces, convertirme -al menos- en una guerrera... ir por el mundo enfrentándolo todo. Sin importarme cómo o cuándo. Sin siquiera tomar en cuenta las circunstancias. Porque lo único que necesito para vencer, iría conmigo: mi corazón.

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