martes, 24 de julio de 2012

En mi jardín


Tengo una sensación rara en el cuerpo. Y en la mente. Y en los dedos que se quedan estancados en el teclado en vez de rozarlo cual si fuera un dulce beso de muchachos enamorados. Ha de ser porque recién he llorado. Lloré a mares, una vez más… pero eso ya lo sabés. Otra vez, te lloré. No puedo evitarlo. ¿Y qué querés? Si tan sólo han pasado dos años desde que cruzaste el delgado velo que a muchos aún nos separa de la muerte.
¡Y me dolés! Cuando te recuerdo de niño, tan vivaracho, tan lleno de energía, tan sonriente. Extraño tu sonrisa de adulto, tu mirada cómplice, tu comida. Pero sobre todo, extraño ese cordoncillo invisible que, sin ser umbilical, unió nuestros espíritus desde siempre.
Me sentí triste porque no pude visitar el cementerio hoy. Pero luego recapacité: no necesito sembrar flores sobre el puñado de tierra que cubre tus restos… porque siempre has vivido y vivirás en el jardín de mi corazón.

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Managua, Nicaragua
Como todos en este mundo, tengo virtudes y defectos. Pero creo que lo más importante para mí, es saber ser amiga, de las que se quitan la camisa para dársela al que la necesita. Fiel a más no poder, sincera, y muy reservada. Amo la buena ortografía y me cuido de tenerla; periodista de profesión y de corazón, madre por decisión. Pero, ¿quién mejor que mis amigos para describirme? Así que esa tarea se la dejo a ellos.