
Soy una persona con muchas fobias. He aprendido a enfrentar algunas, pero debo reconocer que estoy en el proceso. Es decir, aún no es tiempo para declarar mi mente, zona libre de semejantes horrores.
Así las cosas, de pronto no me resulta inconcebible la idea de que hoy –cuando ya pasaron 1 año, 6 meses y 26 días de que un bus embistiera el carro en que yo viajaba con dos hermanos y un hijo- continúe sudando helado cada vez que el vehículo en que voy se encuentra con una de esas moles de metal donde un desalmado transporta a sus pasajeros. (Ojo mijo, esto no es para vos jeje).
Lo curioso es la forma en que uno concatena ideas, ¿verdad? Meditar sobre mi accidente me llevó a concluir que perdí la confianza. No me siento segura en las calles… Ah sí, falta de confianza… y ahí el pensamiento me hizo clic con otras cosas. ¿Qué pasa cuando perdés la confianza en alguien?
Yo siempre digo que me esfuerzo por ser tolerante. Pero una de las cosas que mi ser rechaza por cada poro es la mentira. Primero porque es lo que aprendí: crecí en un hogar donde había cero grado de tolerancia para los mentirosos (y Dios guardara a quien osara serlo). Segundo porque la experiencia me ha enseñado que la gente mentirosa no es de fiar. Tercero, pero no menos importante, porque siento que quien me miente me ve cara de tonta… y eso sí que no.
Así que, ¿qué hacer cuando descubrís que alguien te mintió? Para mí surge el conflicto entre dos principios: el de cero tolerancia a la mentira y el de brindar segundas oportunidades. Porque de pronto me digo, bueno, soy un ser imperfecto y constantemente la vida y las personas me brindan segundos chances… pero, ¿y si me vuelve a mentir? Y eso de vivir en zozobra, como que no es lo mío.
Y les voy a contar. Versión corta: hace muchos años alguien me mintió fuerte, feo, pesado, doloroso. Una mentira sostenida durante mucho tiempo. Pegada con saliva de lora, o sea, en cualquier momento se caía… hasta que lo hizo. Me resentí, lloré, pregunté los porqués (a sabiendas de que me serían inconcebibles), caí, me levanté, perdoné y sentencié: pasemos la página, pero si algún día me asoma la idea de que me volviste a mentir, ‘te llamabas’. O sea, fuiste. Out.
¿Y qué creen que sucedió? “Gallina que come huevo, ni que le quemen el pico”, me dijo mi hermana. Y así fue. Entonces terminé preguntándome, ¿valió la pena? Es la fecha, y no lo sé.

hey, como va?
ResponderEliminarEs todo un tema el de la reaccion correcta a la mentira, sobretodo con aquellas que adolecen de falta de una contextura fisica concreta, aquellas que son una construccion de otras actitudes humanas, verdaderos arquitectos del timo, pueden hacerte dudar aun de tu participacion pasiva en el conflicto, reprochan lo irreprochable y asi dan distinta entidad a la ilusion, la admiracion e incluso al amor, algunos son tan perversos que hasta sienten alivio en el descubrimiento, a esas no hay que tolerarlas, lo mas triste es que se trata de el unico timo que una vez descubierto es pasible de indulto; señoras y señores..... Mi voto no es positivo!!!!!