
Al caminar sobre ese pasillo, estaba, sin darme cuenta, descorriendo un poco la cortina del tiempo. Cuando me percaté era demasiado tarde: estaba cara a cara con un atajo de recuerdos que se vinieron de golpe. Y me llené de nostalgia.
Quizá sea porque me di cuenta que lo vivido en ese recinto fue algo realmente especial. Ahí di mis segundos pasos en el camino de la vida (los primeros los di en el Ejército, pero esa es otra hitoria). También comenzó a salir a flote de qué madera estoy hecha. Eso, creo, fue lo mejor.
En ese momento no me percaté de lo que estaba viviendo, pero ¿quién sabe si ese 'despiste' no era parte de la magia del despertar ante la vida?

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